El viejo camina lento, de espaldas al amanecer. Le pesan los años luchando para nada. Se escucha una campana que tañe lúgubre, marcando el compás de un día que se asoma indiferente. Un perro sarnoso aúlla pidiendo el fin de su agonía. En este paraje estéril nunca hubo esperanza. Patrañas y cantos de sirena. Sacrificios para los de abajo. Ni pan ni risas. La alegría está muerta y enterrada. La desidia cavó su tumba y de un empujón la lanzó de cabeza al purgatorio. “¡Malditos hijos de puta!”, masculla el viejo.
Le duele todo, hasta el aliento. Camina cabizbajo, respirando a duras penas. Huérfano de libertad. Sediento, perdido en un desierto que lo abrasa, lo doblega. Se arrastra como un condenado a muerte, contando los minutos que le quedan para llegar al cadalso. Lágrimas de alivio ante la muerte inminente. La luz languidece, se pudre en las fauces de las sombras. El condenado no espera piedad ni perdón para los verdugos. Su paso cansino disimula las llagas del alma. Ni miedo ni cólera, sólo indiferencia y agotamiento. La mísera porción de aliento que le quedaba claudicó, hundida en un mar de almas a la deriva.
El viejo se sienta sin mirar atrás. Ni huellas ha dejado en el polvoriento camino. Levita sobre la mugre y los escombros. Cierra los ojos y siente la dureza de la soga enredándose como una culebra en su cuello arrugado. Entrecierra los párpados y maldice a los cabrones que le robaron sus mejores años, los mismos que siguen mintiendo y pregonando un mundo feliz. La sonrisa como una mueca feroz se pinta en el rostro del viejo. Se levanta y avanza desafiando a su verdugo. Escupe sobre la tierra quebradiza y sigue blasfemando. La soga le quiebra el pescuezo. La campana vuelve a tañer, cómplice de la muerte. El perro sarnoso se acerca y se echa junto a la sombra. Antes de abandonarse a su suerte el viejo mira compasivo a la próxima víctima.
Foto: DennisFunch (Pixabay)
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2 comentarios en “El condenado”
Excelente relato. Breve l e intenso.
S
Muchas gracias, querida Sonia.