La maleta
Veinticinco años no caben en dos maletas, pensó con angustia. Debía seleccionar cuidadosamente los objetos más queridos, los que la habían ayudado a aferrarse a su pasado. Tuvo que vender unos cuantos recuerdos para pagarse el billete de vuelta. Lo más doloroso fue la venta de las ilusiones y la trenza de su madre atada