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La dama de los gatos

A mi amiga Gabi Dicen que dormitan horas sobre su regazo. Que en las noches de luna llena entonan una melodía gatuna que embelesa los sentidos. Que cambian de color como las lagartijas cuando se suben a los árboles para refugiarse entre sus ramas y acechar a los ratones que abandonan sus madrigueras durante la

Keira

Esta es una historia de amor con un final feliz. Es la historia de Keira, una amiga especial de hermoso pelaje marrón claro y mirada dulce, una mestiza probablemente de malinois. La conocí en un centro temporal de acogida de animales. Tímida y recelosa huía del contacto humano. Su ansiedad y su cola entre las

El mejor de los mundos

A George Orwell Crisis sempiterna, así la llama Andrea. Desde que era una niña se acostumbró a las carencias como quien se adapta a vivir en el desierto y renuncia al oasis. A lo que sí no pudo acostumbrarse fue a escuchar a aquel individuo que iba por el barrio con un altavoz, recordando a

Paisajes ajenos

A Kathy Ella llora en la distancia la pérdida de su padre. Yo no vi morir a mis abuelos. Otros han perdido el rumbo. Lágrimas derramadas en suelo extraño. Sobrevivir al duelo en paisajes ajenos. Olores que no reconocemos. Jirones del alma que nunca recuperamos. No somos de ningún sitio. Estamos en un limbo, en

La maleta

Veinticinco años no caben en dos maletas, pensó con angustia. Debía seleccionar cuidadosamente los objetos más queridos, los que la habían ayudado a aferrarse a su pasado. Tuvo que vender unos cuantos recuerdos para pagarse el billete de vuelta. Lo más doloroso fue la venta de las ilusiones y la trenza de su madre atada

El jubilado

No se lo puede creer. Cuando era un jovencito costaban un par de centavos. Se quita los espejuelos y los limpia. Vuelve a colocárselos y allí sigue el cartelito con el precio como una burla. Mil ochocientos pesos por una escoba. Seguro que está encantada y puede volar, piensa y sonríe con amargura. No cree

El cocuyo aventurero

Unas goticas de agua se escaparon de una nube gris pasajera y el cocuyo Andrés se refugió en la mata de guayaba. Aún no se había marchado el sol, pero a él le gustaba salir temprano para observar a los escandalosos gorriones disputándose un sitio para dormir en la mata de chirimoya. Andrés era un

El condenado

El viejo camina lento, de espaldas al amanecer. Le pesan los años luchando para nada. Se escucha una campana que tañe lúgubre, marcando el compás de un día que se asoma indiferente. Un perro sarnoso aúlla pidiendo el fin de su agonía. En este paraje estéril nunca hubo esperanza. Patrañas y cantos de sirena. Sacrificios

El ahogado

Se lo tragó el agua o la desidia, no sé bien. Lo cierto es que caminó hasta el borde del acantilado y al cabo de unos minutos desapareció. A pocos metros estaba aparcado su todoterreno con las llaves en el contacto. Una música melancólica sonaba en la radio. Sobre el asiento del copiloto yacía un