Carta a Diego

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Mi querido Yeyo:

Mi mejor regalo y mi único legado son las palabras. Me apasiona observar sus caprichos y la forma en que van llenando cuartillas a su antojo. Allí donde encuentre un pedazo de papel llenaré de palabras los recuerdos. Tengo los bolsillos casi siempre vacíos de monedas, pero  muchas veces van cargados de sueños, de oraciones, de párrafos, de historias y de alas.

Hoy miro al horizonte intentando encontrar a ese niño moreno que me invitaba a lanzarme con él en un trineo por la pendiente vestida de nieve. Siento tu carita pegada a mi rostro diciéndome: “mamma, tenemos un solo ojo”. Y en ese juego de cíclopes traviesos encontraba mis propios días de infancia. Tú me abrías las puertas a la inocencia y arropabas sin querer mis nostalgias.

Aunque hoy hayas llegado a la mayoría de edad siempre serás mi duende del invierno, mi pequeño guerrero nacido en tierra vikinga. Cierro los ojos, te abrazo fuerte y contemplo la aurora boreal en la ventana. Volvemos a reír junto ante la osadía de aquel ratoncito que se coló en tu bota en la casa de verano. Camino en puntillas hasta la ventana de tu habitación para dejarte el regalo del troll navideño. Te leo un cuento de La Edad de Oro y vuelvo a escuchar aquel: te quiero mucho, mamma con acento islandés.

La distancia me trae tu llanto cuando saliste de mi vientre. Vuelvo a besarte y a olerte y a decirte que fuiste y eres ese rayo de luz que nunca claudica. Te acuno entre mis brazos cada noche y te canto una nana. Escojo cuidadosamente cada palabra para que entiendas cuánto que te quiero.

Belkys Rodríguez Blanco ©                                                        

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