El condenado

El viejo camina lento, de espaldas al amanecer. Le pesan los años luchando para nada. Se escucha una campana que tañe lúgubre, marcando el compás de un día que se asoma indiferente. Un perro sarnoso aúlla pidiendo el fin de su agonía. En este paraje estéril nunca hubo esperanza. Patrañas y cantos de sirena. Sacrificios