Día: 23 de agosto de 2013

Sirocco

El siroco toca en mi ventana. «Vete, no hay nadie», le digo bajito. Porfiado, como aquellos chivitos desobedientes, insiste en colarse en mi casa. Soy caribeña, de aguaceros y humedades. No entiendo la lengua del viento caliente, con su ropaje desértico. Tengo la garganta reseca y las palabras sofocadas. Invoco un par de dioses nórdicos para ver si caen

Retrato de muchacha

Una muchacha sentada en la sala de su casa cabalga de espaldas al sol, y en su rostro va desapareciendo el tiempo. Escucha el canto de los pájaros del crepúsculo y añora el mar de invierno mordiendo las rocas en su orilla. Detenida en el lienzo espera la tristeza como una profecía. Ya no escucha