Habana

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Añoro mi ciudad de fortalezas ancestrales,

de aliento de salitre, de atardeceres eternos,

de techos agónicos, de barcos que se marchan.

Juglar soñoliento que le canta a la espera,

y deja caer sus párpados centenarios,

pero no encuentra reposo a pesar de la noche.

Amasijo de luces que danzan eufóricas sobre las olas,

de vitrales que se tuercen bajo el sol del mediodía,

de tambores, sudor, mulatas como ninfas

y trovadores que desgranan melodías.

Mi ciudad marinera acostumbrada al desaliento,

a la furia de los huracanes, al canto de las sirenas,

al lamento de los que se alejan y no vuelven.

Regresaré a recorrer las calles de mi ciudad,

llegaré un día de primavera y aguaceros,

las consignas habrán desaparecido,

tragadas por la tormenta

y las paredes estarán pintadas de pájaros y flores.

El desánimo agazapado y cobarde,

será un mal recuerdo descolorido.

Solo la esperanza y la libertad

refrescarán mis pies como una ola interminable.

Me sentaré frente al mar, en el muro de siempre

abriré todas las ventanas y agitaré mi pañuelo

como homenaje póstumo a la nostalgia.

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