Poesía

El poeta que vino de muy lejos

Dijo el poeta cubano Eliseo Diego que Manuel Díaz Martínez, en sus poemas, parece que viniera de muy lejos. Y así es, de lejos viene y muy hondo llega con su poesía y también con su prosa. El poeta es capaz de derramar versos sobre su narrativa. Lo hace magistralmente y debería hacerlo con más

El regreso

Vuelves callado y cabizbajo, cabalgando sobre la espuma, en tu corcel de algas, la espada atenta. Llegas en puntillas a mis costas desnudas, la tempestad acecha y el horizonte navega a la deriva. Tus manos trémulas me exploran, en tu boca me hundo. Despierto a oscuras y sin tu abrazo, el torbellino me engulle. Despacio

Desidia

Se aflojan las carnes esperando una caricia. La sonrisa se transforma en rictus patético. El carmín de los labios se abraza con furia al borde de la copa vacía. Camina tambaleante, el rímel se mezcla con un par de lágrimas que bajan con descuido hasta la comisura de los labios. Se quita los tacones y

En el insomnio

La madrugada llega en puntillas a mi almohada y  despliega su manto frío y desolador. Busco a tientas tus  palabras, las  rozo levemente y  en ellas me acurruco, me abandono y amanezco. La madrugada insiste y también el insomnio. Animales en celo, hambrientos, preparados para la  embestida. Lucen sus viejas cicatrices como surcos en la

Renuncia

Reunciar a la inocencia. El alma pide a gritos un callo que la proteja de la iniquidad. Renunciar a la lágrima pueril. Burlarse de las heridas aunque no cicatricen y se pudra la carne. Echarle sal marina al arañazo y aguantar. Con los dientes muy apretados, gritar hacia adentro, inspirando la rabia. Que el corazón

La Tarde

La tarde se parece a ti, a mí, a la inocencia. Es un refugio para la quietud, y el mar se acurruca en las aletas de dos delfines que bailan ante el crepúsculo y las gaviotas. La tarde es un susurro de besos como retoños, de raíces como laberintos, de conchas como destinos. No sé

Habana

Añoro mi ciudad de fortalezas ancestrales, de aliento de salitre, de atardeceres eternos, de techos agónicos, de barcos que se marchan. Juglar soñoliento que le canta a la espera, y deja caer sus párpados centenarios, pero no encuentra reposo a pesar de la noche. Amasijo de luces que danzan eufóricas sobre las olas, de vitrales

Juglar travieso

Vuelves una vez más juglar travieso y obstinado. Intento concentrarme en la lectura de un libro que habla del amor, y entonces apareces tú, saltas sobre las páginas, sonríes burlón y distraes mis sentidos. Sacudo la cabeza pero tu figura sutil me mira desde la puerta que abre la noche, y la luna me hace

Retrato de muchacha

Una muchacha sentada en la sala de su casa cabalga de espaldas al sol, y en su rostro va desapareciendo el tiempo. Escucha el canto de los pájaros del crepúsculo y añora el mar de invierno mordiendo las rocas en su orilla. Detenida en el lienzo espera la tristeza como una profecía. Ya no escucha