cadalso

El condenado

El viejo camina lento, de espaldas al amanecer. Le pesan los años luchando para nada. Se escucha una campana que tañe lúgubre, marcando el compás de un día que se asoma indiferente. Un perro sarnoso aúlla pidiendo el fin de su agonía. En este paraje estéril nunca hubo esperanza. Patrañas y cantos de sirena. Sacrificios

El verdugo

Disfrutaba con el lamento y las súplicas de los condenados a muerte. Le excitaban el olor a orín y a excrementos. Necesitaba el gentío a su alrededor para ejecutar la sentencia. Los gritos de la multitud le producían placer. Al caer, el convicto no se estrangulaba de golpe. Se quedaba apenas suspendido de la horca