El vacío
La lluvia caía tan fuerte que atravesaba mi cuerpo y llegaba a mi corazón roto. Estaba tan nublado que decidí subir al techo y me lancé al vacío. Lo único que recuerdo es el rojo de mi sangre esparcido por el suelo. Diego Lozano Rodríguez
La lluvia caía tan fuerte que atravesaba mi cuerpo y llegaba a mi corazón roto. Estaba tan nublado que decidí subir al techo y me lancé al vacío. Lo único que recuerdo es el rojo de mi sangre esparcido por el suelo. Diego Lozano Rodríguez
Se arrancó con vehemencia la piel del rostro, del pecho, de los brazos, de las piernas, de la espalda. Quería estrenar imagen con la llegada del nuevo año. Pero, cuando se dispuso a enfundarse su nueva epidermis, se acordó de que el corazón agonizaba a la espera de un trasplante.
Cuentan que las nubes se aburrían en el cielo y decidieron acercarse a las cumbres para ver qué travesura se les ocurría. Abrazadas, se dejaron caer por las laderas formando una interminable cascada de humo blanco. Boquiabiertos, los pinares contemplaban con deleite aquel suceso inusual. Hasta las piedras milenarias salieron de su letargo y se
Detrás de las montañas de Santa Lucía la luz es tenue e imprecisa. El verde y el ocre se entrelazan cómplices del atardecer. El viento despeina delicadamente los recuerdos. Quiero imaginar que no estoy aquí en este domingo de añoranzas. Cierro los ojos para ausentarme y volver a percibir el aroma del patio de la