Microrrelatos

Alejandra

Nació el día que llegó la calima. Salió con dificultad del capullo y en cuanto le dio el aire se puso a estornudar. Sus pequeñas alas estaban un poco arrugadas porque dentro de su casita no había mucho espacio que digamos. Ella es una mariposa Monarca, como Ángeles. Sus colores naranja y negro saludaron al

Espejismo

El piloto anunció turbulencias y pidió a los pasajeros que se abrocharan los cinturones. Ella se agarró con fuerza a los brazos del asiento, cerró los ojos y comenzó a repetir un viejo mantra como una letanía. En el asiento contiguo, él sonrió y le rozó discretamente la mano. Ella giró la cabeza y descubrió

Intercambio de roles

El vegetal observó al niño con cara de asco. Sin embargo, como debía seguir al pie de la letra los consejos de su nutricionista, engulló al infante con los ojos cerrados y la firme convicción de que jamás se convertiría en una planta carnívora. Foto: RitaE Si quieres leer otros cuentos cortos pincha en el

La decisión

La cuartilla en blanco la tienta. Quiere escribir frases coherentes y poéticas pero la rabia la observa desafiante, impertérrita; plantada frente a ella como una estatua invencible la invita a gritar, a blasfemar, a morder su propia herida y a dejar que un hilo de sangre la alivie de sí misma. No hay camino, sólo

Carta a una mariposa habanera

Querida Ángeles:   No hay mariposas donde vivo ahora. Hace un par de días vi una pequeñita que pasó fugaz como una estrella blanca en el cielo estival. No se ven muchas estrellas en la ciudad; de todas maneras, yo  siempre pido un deseo, por si alguna se mueve sigilosa, como cuando éramos unas chiquillas

La espera

La ciudad en su quietud, callada se desliza hacia la noche; altiva y sigilosa como gata en celo. En el ronroneo se diluye el eco de sus pasos. Balcones que penden indiferentes sobre la calle empedrada.  Los colores se marchan cabizbajos y se refugian en la línea intangible que hay entre tus manos y el

Rabo de nube

Cuando se avecinaba la tormenta, Amanda invocaba a Santa Bárbara. Changó era poderosa y, juntas, ahuyentaban los malos presagios. El cielo se quedaba despejado de nubes inoportunas y el sol volvía a brillar como en una mañana de primavera tropical. Ese don lo había heredado de su bisabuela Rosario. A ella ni los rabos de

A la deriva

Escuchó su voz en la penumbra y supo que no estaba sola. Caminó distraída entre caracolas y sirenas cabizbajas. Juntó piedritas y trozos de sueños dispersos en la orilla. La acompañaba un olor lejano y recurrente: el aroma del pelo de la abuela. Ella olía a hogar, a monte, a risa cristalina, a tardes de

Oídos sordos

Huracanes, misiles norcoreanos, Trump, terremotos, atentados terroristas, tortugas errantes que engullen bolsas de plásticos, niños hambrientos y bombardeados. La sinrazón nos susurra su profético descalabro. Oídos sordos, avaricia, egoísmo. Todos cabizbajos, indiferentes, ensimismados en la pantalla del teléfono móvil. Cómo iba a importarnos un perro que gime abandonado en la cuneta, si miramos hacia otro