Cuentos cortos

La dama de los gatos

A mi amiga Gabi Dicen que dormitan horas sobre su regazo. Que en las noches de luna llena entonan una melodía gatuna que embelesa los sentidos. Que cambian de color como las lagartijas cuando se suben a los árboles para refugiarse entre sus ramas y acechar a los ratones que abandonan sus madrigueras durante la

El mejor de los mundos

A George Orwell Crisis sempiterna, así la llama Andrea. Desde que era una niña se acostumbró a las carencias como quien se adapta a vivir en el desierto y renuncia al oasis. A lo que sí no pudo acostumbrarse fue a escuchar a aquel individuo que iba por el barrio con un altavoz, recordando a

Paisajes ajenos

A Kathy Ella llora en la distancia la pérdida de su padre. Yo no vi morir a mis abuelos. Otros han perdido el rumbo. Lágrimas derramadas en suelo extraño. Sobrevivir al duelo en paisajes ajenos. Olores que no reconocemos. Jirones del alma que nunca recuperamos. No somos de ningún sitio. Estamos en un limbo, en

El cocuyo aventurero

Unas goticas de agua se escaparon de una nube gris pasajera y el cocuyo Andrés se refugió en la mata de guayaba. Aún no se había marchado el sol, pero a él le gustaba salir temprano para observar a los escandalosos gorriones disputándose un sitio para dormir en la mata de chirimoya. Andrés era un

La decepción

El ángel de la guarda me ha mordido el talón. Reprimí el grito para que los vecinos no llamen a la policía. No es la primera vez que los despierto por culpa de mis pesadillas, y la pareja mayor que vive en el dúplex de al lado marca el número de los maderos. Son las

Acoso

Las sombras lo atormentan. Han regresado el mismo día del solsticio de verano. Vetustas y lozanas, flácidas y erectas, amables y groseras; eso sí, persistentes, tiranas, empalagosas, insufribles. Intenta darles una patada, pero las muy cabronas se escabullen y dejan el ambiente impregnado de un olor nauseabundo. Sus risas histéricas rebotan en las paredes del

Rebeca

Cada vez que llega la panza de burro la gente de esta ciudad se aburre y comienza a contar historias que yo llamo de color plomizo, como el cielo que pesa sobre nuestras cabezas. Mi compañero de habitáculo dice que es cierto, que esa familia vivió durante muchos años en el barrio de San Nicolás

La gaveta

El comején se comió la gaveta, María, no se me quita eso de la cabeza. Llevo una semana sin dormir. En este maldito país todo ha cogido comején. Te das media vuelta y te taladran las entrañas. Tienen hambre los bichos, y el pobre viejo matándolos con queroseno, cuando tiene dinero y pasa el vendedor

El amor en los tiempos del virus

Iluminada caminaba de un lado a otro de la casona familiar como un alma en pena. Sus padres le habían prohibido salir a la calle pues un extraño virus castigaba al pueblo y ya se había cobrado la vida de muchas personas. Ella no aceptaba la situación y se estrujaba las manos con nerviosismo pensando

Espejismo

El piloto anunció turbulencias y pidió a los pasajeros que se abrocharan los cinturones. Ella se agarró con fuerza a los brazos del asiento, cerró los ojos y comenzó a repetir un viejo mantra como una letanía. En el asiento contiguo, él sonrió y le rozó discretamente la mano. Ella giró la cabeza y descubrió