Microrrelatos

La gaveta

El comején se comió la gaveta, María, no se me quita eso de la cabeza. Llevo una semana sin dormir. En este maldito país todo ha cogido comején. Te das media vuelta y te taladran las entrañas. Tienen hambre los bichos, y el pobre viejo matándolos con queroseno, cuando tiene dinero y pasa el vendedor

Ángela y el Caballero II

No puedo dejar de pensar en el Caballero de París y su infortunio. Aquella noche, cuando la música se consumió junto con las velas, me quedé quieta escuchando la voz dulce de un espíritu que todavía suspiraba por un amor frustrado. Pensé que a los fantasmas se nos secaban los lagrimales y solo nos quedaban

Boniato y cerveza

La Paca despertó angustiada y sudorosa a las tres de la madrugada. Los días de dormir plácidamente hasta bien entrada la mañana habían terminado. Unos meses atrás escuchó una conversación que la alarmó. Varias mujeres de más de 45 años, sentadas en la heladería italiana donde ella solía ir tres veces por semana, hablaban de

Una historia de Oriente II

No he podido salir de mi habitáculo en tres días. He tenido que ponerme paños fríos para aliviar la jaqueca. Aquella mañana, la biblioteca estaba llena de estudiantes y creo que uno de ellos, el de gafas y pecas en las mejillas notó algo raro a su alrededor. Estaba leyendo un libraco que parecía un

Una historia de Oriente

Creí que los fantasmas perdíamos el olfato, pero tengo que reconocer que mi compañero de habitáculo tenía razón. Ayer lo pude comprobar. Decidí cruzar la frontera del barrio de San Nicolás y me fui a explorar las tienditas de la calle Primero de Mayo. Un intenso olor a pan recién horneado coqueteó con mi pituitaria

El Coleccionista II

Hoy he amanecido con el “moño virao”. Así decía mi abuela, la que tiraba los caracoles intentando enmendar el pasado y mejorar el futuro. Eso quiere decir que estoy de muy mal humor. Anoche, mi compañero de habitáculo metió una fulana en la habitación sin mi consentimiento y estuvieron hasta las tantas bebiendo, riendo y

El Coleccionista

No salgo de una para entrar en otra, como diría mi abuelita. Debe de ser ese asunto escabroso de la menopausia y su baile de hormonas desequilibradas-las fantasmas también la padecemos-; en fin, por mucho que intento mantenerme al margen de los chismorreos de este barrio, siempre llega a mis oídos alguna historia terrorífica, susurrada